miércoles, 30 de enero de 2013

La Caja de Ahorros que no falló: Memorias de José Vilarasau, expresidente de La Caixa



(Mi último artículo, de enero de 2013, en "Actualidad Económica"  acerca de las Memorias de José Vilarasau, expresidente de La Caixa, publicadas en RBA,  2012)  

“No visites nunca una fábrica: te deslumbrarán y concederás el crédito que debes negar”, era la recomendación que daba Pablo Garnica Echeverría, el legendario presidente de Banesto, a su consejero delegado en sus tratos con los clientes. La advertencia, señalada a su vez por este último al autor del presente libro, reflejaba fielmente las complejas relaciones entre banca e industria en España, que quizá aún hoy subsisten, a diferencia del modelo bancario alemán e italiano y su compromiso industrial casi “de la cuna a la tumba”. Desconocemos si José Vilarasau, en su dilatada trayectoria financiera, siguió al pie de la letra aquel consejo; lo que sí sabemos, tras leer sus Memorias, es que Vilarasau se inscribe en la mejor tradición de los empresarios corporativos españoles que, al igual que el emprendedor con su start-up, no se limitan a administrar con eficiencia los activos de la empresa, sino que anticipan el cambio, reevaluando la cartera de negocios así como los procesos de gestión interna; en definitiva, reinventado la empresa cada día. El desempeño profesional del autor interesa, pues encontrándose él y demás dirigentes empresariales y de la Administración ante el reto de la competitividad global que amenazaba a la autárquica España de hace medio siglo, supieron darle de modo positivo la vuelta a la situación, sirviéndonos de lección para el futuro. 

Nacido en Barcelona en 1931, de origen modesto, Vilarasau se doctoró en Ingeniería y estudió Economía, ingresando en el cuerpo de ingenieros industriales al servicio del Ministerio de Hacienda, después de una breve etapa como consultor de organización de empresas. En un ambiente meritocrático, el autor alcanzó puestos de creciente responsabilidad en un camino de ida y vuelta entre lo público y lo privado. Fue director general en Telefónica, Hacienda y Campsa. Gracias a su testimonio, esta primera parte del libro ofrece algo más de luz sobre varios aspectos poco aclarados: el fracaso de los bancos industriales y de negocios en nuestro país; las divisiones internas dentro del último franquismo; cómo Telefónica dejó atrás la época de los locutorios y las comunicaciones ineficientes; o por qué los vaticinios oscuros sobre el shock energético de 1974 se incumplieron.  

Con la llegada de la democracia, las cajas de ahorro pudieron competir en igualdad de condiciones con la banca privada; al igual  que la banca extranjera logró también acceder al mercado español. De nada sirvieron las protestas de los banqueros ante Enrique Fuentes Quintana, el vicepresidente económico. La liberalización se hizo en los años de la crisis del petróleo, lo que provocó que, entre 1977 y 1985, más de la mitad de los bancos y cerca de la tercera parte de los recursos y empleados bancarios se vieran afectados por una de las mayores debacles de la historia financiera española. La crisis bancaria costó alrededor de 1,5 billones de pesetas de 1985, aportando el sector público más del 75 por 100 de los recursos utilizados. Bajo este panorama, Vilarasau fichó en 1976, como máximo ejecutivo y luego presidente, por la antigua Caja de Pensiones emplazada en Cataluña hasta convertirla, veintisiete años más tarde, en “la Caixa” que antecedió a Caixabank, en la actualidad la tercera fuerza del ranking bancario español. A lo largo de la segunda parte de la obra, más extensa, el autor (quien reconoce haberse comportado como un “navegante absorto” en su trabajo) analiza con detalle determinados aspectos que condujeron al éxito de la entidad, resultando posiblemente de provecho para lectores propios y extraños del negocio bancario: la informatización, las encuestas de clima laboral, la formación, las tarjetas de crédito, la identidad corporativa, el defensor del cliente, la calidad total, etc. Además, Vilarasau destaca las ventajas que siempre supuso para él rodearse de un equipo cualificado (Isidro Fainé, Antonio Brufau, Ricardo Fornesa y otros), disculpándose incluso por ciertos errores al respecto. Tampoco el autor elude los asuntos controvertidos o los tropiezos cometidos en su mandato: por ejemplo, la polémica en torno a los seguros de prima única o los socios inadecuados en los inicios de Port Aventura, el parque de ocio en la Costa Dorada. En cualquier caso, cuando Vilarasau dejó la presidencia en 2003, por causa de una maniobra política, “la Caixa” contaba con 4.640 oficinas, 23.500 empleados, 6,5 millones de tarjetas, 8,3 millones de clientes, 103.000 millones de euros de balance, 1.000 millones de euros de beneficios, plusvalías de 1.500 millones de euros, una sólida cartera de créditos hipotecarios y personales, junto a una ratio de morosidad del 0,47%. Después de su cese, pasó a presidir la Obra Social “la Caixa”, que explica con orgullo, donde Caixabank sigue ejercitando sus señas de identidad a través de las ciberaulas hospitalarias para niños, las artes plásticas o la integración social, en el conjunto de actividades de su Fundación.

Estas Memorias denotan una mentalidad pragmática, liberal y abierta a la innovación, como no podía ser menos en alguien que se ha dedicado básicamente a lo que Francesc Cambó denominaba  “el comercio del dinero”, aunque no debiéramos deducir que dicha mentalidad dominase en los banqueros españoles. Ya le dijeron en una ocasión a Vilarasau, recién nombrado en “la Caixa”, que lo que tenía que hacer era asegurar el pasivo (depósitos) y que solo concediera un crédito “cuando sea absolutamente imposible denegarlo”. Eso no quita la independencia de criterio que dominó en la caja, y que asimismo agradezcamos este libro poco común en un país donde apenas los grandes directivos se arrancan a escribir. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario